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EPBCN - Textos para pensar
Juntos por la estúpida costumbre
de prolongar encuentros fortuitos
MARÍA CHÉVEZ
Nuestras vidas, queridos lectores, están sujetas, sepámoslo
o no, a ideas, a frases que circulan por nuestra sangre como si fueran propias
y lo son, aunque no las conozcamos.
Muchas veces al vernos frente a un grave problema, en una situación límite,
en crisis ante una experiencia que nos desborda, nos descubrimos haciendo o
diciendo "lo que jamás hubiera pensado que podría hacer
o decir". Es más, hay ocasiones en las que nos vemos haciendo
o diciendo lo que tantas veces criticamos y enjuiciamos severamente en los demás.
La crisis en una pareja hace aparecer frases, ideas, comportamientos, opiniones,
que sorprenden tanto al que las escucha como al que las dice.
La desilusión, el aburrimiento, la falta de deseo, el agotamiento de
un proyecto de vida en común, ponen sobre la mesa recriminaciones, reproches,
reivindicaciones, interminables discusiones sobre quien hizo más por
la relación, o sobre quién es más culpable de la situación
actual.
Se podría decir: "Han despertado, pero todavía no saben
de qué sueño, a qué pesadilla".
Cuando se solicita la intervención psicoanalítica se puede
ver en estos casos y, casi siempre transformar, planteamientos inconscientes
acerca de la vida en general y acerca de la vida cotidiana de una pareja que
llevaron, paso a paso, a ese punto de no retorno.
Sin darse cuenta, ir a comer los domingos a casa de mamá y papá
se fue convirtiendo en una obligación ineludible, de manera que saltarse
una vez esta rutina requería sólidas justificaciones, siempre
insuficientes.
Sin darse cuenta, dejó las relaciones con sus amigas para estar más
tiempo con él, que a su vez dejó la cena con sus amigos para no
volver tarde a casa. Las posteriores recriminaciones nos muestran que se trataba
menos de una ofrenda al amor que de la instalación de un férreo
sistema de control: si estoy con ella, ella tiene que estar conmigo, y viceversa.
Sin darse cuenta, dejamos el trabajo, los estudios, un proyecto, para gozar
más tiempo de la vida familiar o estamos todo el día trabajando
porque no soportamos la vida familiar.
Poco a poco fueron encerrando el mundo entero en la pareja y cuando hubieron
acabado con esta ingente tarea, cerraron con llave la trampa y comenzaron a
transitar el camino por el que, en la creencia de que el mundo puede caber en
mi pareja, avanzamos hasta perder la pareja y ahí caer en la cuenta de
que estamos perdidos del mundo.
Esclarecer estas situaciones no garantiza que una pareja siga unida, pero sí
que si lo hacen, ya no sea sólo por miedo a separarse. Y si deciden por
la separación, que lo hagan de una manera más civilizada.
Emilio González |