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EPBCN - Textos para pensar
En muchas oportunidades llegan a nuestras consultas
padres preocupados por niños y niñas que presentan –en el colegio
o en la propia casa a la hora de hacer los deberes, distracciones, problemas
de atención, falta de concentración. En numerosos casos vienen
después de haber recibido consejos de familiares, amigos o vecinos, consejos
llenos de buena voluntad y sentido común, consejos basados en su propia
experiencia cuando alguno de sus hijos o hijas "no se concentraban"
en sus tareas escolares, fórmulas aplicadas y que en su momento pueden
haberles proporcionado un relativo éxito, pero que tienen el inconveniente
de no poder ser generalizadas. En otros casos vienen luego de haber seguido
consejos de profesionales de la educación o de la salud apelando a la
voluntad del niño, a su responsabilidad, estableciendo un sistema de
premios y castigos más apropiado para el adiestramiento de un animalito
doméstico que para propiciar el interés de un niño en las
lecturas, las cuentas y la escritura.
Se me ocurre que el principal inconveniente que presentan estos –muchas veces-
fallidos intentos de solucionar el problema de falta de concentración
está en que no se trata de ninguna falta de concentración y es
por eso que fracasa toda buena intención en el sentido de hacer que se
produzca un interés, una concentración que –insisto en esto- no
hace falta que se produzca, sino que se reconozca su existencia, aunque no aplicada
a los estudios.
En el complejo mundo del psiquismo humano, nuestras capacidades pueden verse
disminuidas por motivos emocionales, por conflictos entre intereses contrapuestos,
por dudas y también, en el caso del psiquismo infantil, por verdaderas
investigaciones que los niños realizan sobre los grandes misterios que
la vida les presenta como por ejemplo: "de dónde vienen los niños";
esto unido a las nuevas e inquietantes sensaciones que provienen de sus propios
cuerpos y a las observaciones visuales y auditivas de las actividades sexuales
de los adultos, a sus propios juegos, temas todos estos que los niños
tratan de procesar con los elementos con que cuentan y que dan lugar a "teorías
sexuales infantiles".
Estos grandes misterios de la vida y la pasión con que los niños
se dedican a su solución, hacen que muchas veces todas sus energías
intelectuales estén concentradas en ello y así el niño
aparezca desinteresado, distraído, falto de atención en las tareas
escolares.
Es a través del juego, la conversación y los dibujos como en psicoanálisis
conseguimos que afloren las preocupaciones, la curiosidad y los obstáculos
que el niño padece en torno a los temas mencionados más arriba,
que la información no soluciona porque al niño sólo le
sirve la información que está en condiciones intelectuales y afectivas
de aprehender. El resto de información es letra muerta para su crecimiento,
como ocurre con las tribus primitivas que escuchan atentamente al misionero
que intenta catequizarlos y luego tornan a adorar a sus antiguos dioses.
Emilio González |