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EPBCN - Textos para pensar
El individuo que no lucha por ser reconocido fuera del grupo familiar
nunca alcanza, antes de la muerte, su dignidad personal.
Hegel
La familia es una institución, una estructura sexual
y social en la que debemos reconocer su condicionamiento por factores culturales,
en detrimento de los factores naturales. Es una institución compleja
en las que se articulan relaciones de conocimiento y autoridad, formas de organización
afectiva y constantes pruebas de confrontación con la realidad.
Es necesario reconocer en todo esto el carácter que especifica al orden
humano –el lenguaje- que produce la subversión de toda rigidez instintiva,
a partir de la cual surgen las formas fundamentales de la cultura, plenas de
variaciones infinitas.
Lo dicho se da en la familia y en el desarrollo psíquico que organiza,
desde el niño educado en familia hasta el adulto que, por mandato de
la especie, la reproduce.
Todo lo que constituye la unidad doméstica del grupo familiar se convierte
para el individuo, a medida que aumenta su capacidad pensante, en el objeto
de una afección distinta de la que lo une a cada miembro del grupo.
Hay que tener en cuenta que el humano es un animal –a diferencia de los demás-
de nacimiento prematuro, lo que junto con el retraso de la dentición
y la marcha y un retraso correlativo de la mayor parte de sus aparatos y funciones,
determinan en el niño una impotencia vital que lo sume en una larga etapa
inicial de absoluta dependencia.
A partir de aquí el desarrollo psíquico de un individuo en familia
está jalonado por una sucesiva serie de separaciones, comenzando por
el nacimiento, el destete, el alejamiento progresivo que el niño produce
al caminar, el inicio de sus obligaciones escolares, etc. Esta serie culmina
en el abandono de las seguridades que comporta la economía familiar.
Todo retorno, aún parcial, a estas seguridades, puede suscitar en el
psiquismo ruinas desproporcionadas con respecto al beneficio práctico
de tal retorno.
Del mismo modo, cuántas veces comprobamos en nuestro trabajo diario que
personas con altas cualificaciones profesionales y laborales y reconocidos en
el medio en que se desarrolla su tarea, viven amargados y deprimidos porque
alguno o algunos de sus familiares no aprecian su quehacer.
Quiere decir que es tan imprescindible para todo humano ser atendido en todas
sus necesidades a causa de su impotencia vital cuando nace, como abandonar cuando
corresponde las certidumbres y seguridades de la vida familiar, porque el mundo
no está en la familia. Hasta el próximo mes.
Emilio González |