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EPBCN - Textos para pensar
Llegar a tener la edad que se tiene es tan difícil
porque el hombre nunca termina de resolver el mayor dolor –en el decir de Freud-,
aquel producido por la separación que –para crecer- sucede con respecto
a nuestros padres.
Y nuestros padres no son exactamente esos señores mayores, vivos o muertos
con los que celebramos las Navidades, sino aquel lugar donde bebimos la leche
alimenticia soldada, diluida, en el amor, donde asimilamos las sustancias nutricias
entrelazadas de ideología, aquel lugar de nuestras apasionadas investigaciones,
de nuestra curiosidad primera, de nuestras preguntas fundantes, incerradas,
insistentes, actuales.
Tal es el apego por estos objetos primordiales, que va más allá
de su sustitución. Aunque ésta se haya realizado, el sujeto mantiene
con estos objetos vinculaciones libidinales, afectivas, inconscientes, en función
de las cuales –muchas veces- organiza su vida. Así, es frecuente decir
"mi casa" para referirnos a la casa donde vivimos solos o con nuestra
pareja e hijos, y también "mi casa" para mencionar la casa
de nuestros padres.
Por eso, llama la atención la trabajosa insistencia ( que en muchas ocasiones
conduce a la inhibición o, directamente, a la enfermedad) que mostramos
en aferrarnos a aquello de lo que hay peligro de caerse.
Tarea definitivamente inconclusa del Psicoanálisis será la permanente
rectificación de esas vinculaciones; no el delirio de proponer su eliminación,
ni la pretensión de negar su existencia, ni mucho menos la alucinación
de haber producido una completa separación de aquellas experiencias,
sino el reconocimiento del proceso analítico "del removido suelo
sobre el que se alzan –orgullosas- nuestras virtudes".
Por eso no es necesario estar enfermo para psicoanalizarse. Por eso, un síntoma
insidioso, una enfermedad grave, lo son menos cuando el sujeto que los padece
se pone en contacto con un psicoanalista, que carece de prejuicios diagnósticos
y de aquellas etiquetas que tantas veces los pacientes reclaman en las primeras
entrevistas y que suelen ocultar más que lo que muestran.
La vida es el camino más largo hacia la muerte. Cuando en ese recorrido
se nos presentas obstáculos, huimos hacia delante envejeciendo antes
de tiempo, o bien, nos arrojamos a los brazos de aquella infancia dorada- más
soñada que real- donde todo estaba resuelto y si no, alguien lo resolvería.
El psicoanálisis propone el trabajo de crecer para llegar a ser lo que
somos, para llegar a tener la edad que tenemos. Trabajo, como decíamos
arriba, definitivamente inconcluso.
Emilio González |