Espacio Psicoanalítico de Barcelona   Las apariencias - a veces - no engañan

EPBCN - Textos para pensar
El hombre olvida siempre que es un muerto,
conversando con otros muertos.
JORGE LUIS BORGES

El Rey sale a pasear a caballo por la ciudad, desnudo. A su majestuoso paso, numerosos corrillos de súbditos comentan animadamente acerca de la inusual belleza y elegancia de la túnica que viste al Rey. De pronto, entre la muchedumbre se alza la candorosa voz de un niño que proclama: ¡el rey está desnudo!

¿Cuál es la verdad? La de los súbditos que dan por primorosamente vestido a un rey desnudo o la del niño que dice lo que su mirada le dicta.

Ambos, podríamos decir, uno pronuncia la verdad de su mirada, los otros denuncian la verdad de su sometimiento.

O, si queremos, aquel espectador de un vodevil que susurraba al oído de su compañero de butaca: esa bailarina, bajo el vestido, va desnuda.

Quiero decir que no se trata de despellejar al rey ni a la bailarina porque de todas formas no podemos llegar al fondo de las cosas, no hay verdad de la verdad. El cuerpo, aún sin ropas, es otra máscara de la desnudez.

Del sueño que tuvimos anoche nos queda el relato que hacemos en sesión, sus asociaciones e interpretaciones. El sueño soñado se va perdiendo entre estos decires. Las cosas son lo que decimos de ellas, o más precisamente lo que se abre entre lo que decimos y lo que no decimos.

Cuando al hablar decimos una palabra por otra “sin querer”, no olvidemos que sin querer hemos soñado y menos aún queríamos soñar lo que hemos soñado. Esto no nos exime de la responsabilidad sobre aquello que se ha soñado en nosotros, sobre aquella palabra que se impuso, involuntariamente, en nuestro discurso. Sin saberlo hemos sido el director, el productor y el protagonista de esa película cuyo estreno hemos vivido con la convicción de estar viviéndolo en presente y en medio de nuestro plácido dormir, película que sólo nos entregará sus claves si la perdemos, ganándola para nuestra realidad psíquica, al relatarla.

Otro tanto ocurre con los trastornos psíquicos y funcionales que irrumpen en nosotros sin contar con nuestra aprobación, que percibimos como más fuertes que nosotros y cuya muda eficacia termina perturbando nuestra vida cotidiana. Si mi novia me abandona estaré abocado a una pérdida frente a la que muchas veces nada podré hacer. Lo que corre de mi cuenta es averiguar qué perdí en lo perdido y –sin resignación- cuando renunciar a lo perdido.

Siempre está lo que me pasa y como me tomo lo que me pasa, está lo que me pasa y qué posición tomo frente a lo que me pasa. Sobre lo que me pasa, la mayoría de las veces no estoy en condiciones de influir, ni de evitarlo. En cambio la otra parte depende íntegramente de mi decisión, me incumbe, es mi responsabilidad.

El psicoanálisis es un instrumento preciso y eficiente para transformar los trastornos psíquicos y funcionales porque no se opone a ellos, ni intenta yugularlos, porque sabe que esos trastornos, esa producción inconsciente (como los sueños) se han instalado en nuestra vida laboral, sexual, profesional, estudiantil, familiar, para denunciar un sufrimiento, una insatisfacción, una ignorancia, una parálisis y que sólo remitirán si a través del proceso analítico se producen las transformaciones en la vida del sujeto que lleven a que dichos trastornos pierdan su sentido porque la denuncia que implicaban, aunque indirectamente, ha sido atendida.

Lo que decimos se pierde y, a la vez, cobra valor en lo que nos escucha.

Emilio González


/articulos/200501.html [771 visitas desde 21/12/2004]
Última modificación: 17/11/05 a las 16:03
 Comentarios
Valid XHTML 1.0! Valid CSS!