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Juan Carlos De Brasi:
[...] Entonces, rodeando un poquito la problemática nuclear
ésta que de alguna manera nos reúne hoy, es muy interesante,
ahora la rodeamos por el otro lado. Habría como tres o cuatro
puntos que, uno podría decir, nos llevan a otros discursos,
y ver cómo ahí se tramó la problemática
ética, también. Pero, esta vez, por aprés
coup, ver desde el psicoanálisis cómo estos discursos
se abren. ¿Qué quiere decir? — que, cuando uno
trabaja un discurso, cualquiera, como en este caso, si lo abre hacia
atrás desde el psicoanálisis, empiezan a aparecer
dimensiones impensadas en ese discurso. Son las resonancias impensadas.
Entonces, es muy interesante: cuando el psicoanálisis se
plantea la problemática de la sublimación, para dar
un ejemplo muy concreto, toda la concepción de lo sublime
de Kant adquiere una dimensión que no tiene. Ésta
es una manera de abrir el pasado como posibilidad, porque parecería
que, en este caso, Kant pensó —ya que Emilio mencionó
lo sublime—, considerar cómo fue trabajado ahí.
Entonces, muy sintéticamente, el proyecto de la ética
tal cual desde el psicoanálisis está, de alguna manera,
diagramado, toca algunos puntos de toda la ética tal cual
se vino pensando desde que la ética deja de ser una teoría
de las costumbres cotidianas, nada más. Es decir, desde que
es ética, para ponerle el nombre que ya vimos la vez pasada,
desde Aristóteles, que es donde la ética adquiere
el nombre concreto de ética, o filosofía
moral, que es lo mismo.
Entonces, ¿qué se diría desde el psicoanálisis?
—y esto se puede probar, cosa que no vamos a hacer aquí—:
que la ética tradicional —porque todo esto lo vimos en las
Jornadas pasadas— gira en torno al concepto de bien: el Bien platónico,
la felicidad, el Supremo Bien, la Bonitas en Santo Tomás,
es decir, siempre está jugando la idea de bien; ahora bien,
desde la ética del psicoanálisis, está asimilado
que el concepto de bien, felicidad, es importante para el ser humano,
pero también aparece una dimensión de obstáculo
en esto, no sólo por lo que muestran las patologías
actuales y las patologías de otras actualidades previas a
ésta, del siglo pasado, el otro y el otro. La ética
tradicional gira alrededor del concepto de bien, felicidad, eudemonía...;
bueno, los nombres que adquiere el Supremo Bien, el famoso tó
agatón de Platón. Entonces, no hay duda que la
felicidad, el bien, los bienes materiales, todo esto, es una búsqueda
del ser humano, y totalmente legítima. Pero el psicoanálisis
le va a decir: esta legitimidad hay que asimilarla, no cabe duda,
pero hete aquí que nos encontramos con un límite —y
aquí viene a girar el problema de la sublimación,
la Cosa...—: el límite es que la búsqueda de placer,
como podía haber sucedido en casi todas las concepciones
tradicionales de la ética, y hay otras muy antiguas que no
son tradicionales, por ejemplo, casi toda la ética fue hedonista,
en el sentido de la búsqueda de placer, del Supremo Bien,
el bien, repitiendo. Entonces, hete aquí que el problema
de la Cosa, el problema del placer —Más allá del
principio del placer no lo escribe Freud por casualidad—, el
problema de la pulsión y pulsión de muerte, que juega
en la sublimación —tampoco por casualidad— ha hecho que,
desde el mismo psicoanálisis, en otras orientaciones, se
hablara de desatino freudiano, metafísica freudiana, que
no servía para nada — esta segunda tópica, este Más
allá del principio del placer, el nombre del texto freudiano.
Pero resulta que ese texto viene a plantearle el límite a
la ética tradicional, a partir del problema de la Cosa, de
la sublimación, del goce; porque, diría el psicoanálisis:
bien, extendamos hasta el límite, como si fuera una banda
elástica, la problemática del bien, ¿con qué
nos encontraríamos? —del bien, del placer, de lo hedónico—:
nos encontraríamos que, en el límite al que llega
esa banda elástica del placer, está el dolor, porque
más allá del principio del placer, nos acecha la repetición,
el dolor, muchas otras cosas. Entonces, el psicoanálisis
diría: la ética de los bienes, la ética del
placer, la ética del Supremo Bien, lleva también al
dolor, hay que tener cuidado porque hay que hacerse cargo de esto,
también. Si uno quiere el placer hasta sus últimas
consecuencias, tiene que soportar el dolor, no como una aguja que
pincha un dedo, no; el dolor en el sentido del psicoanálisis:
que, en el límite del placer, también está
el dolor. Entonces, éste es un límite a la ética
de los bienes, no puede hacerse cargo enteramente de la ética
del bien, del placer, el psicoanálisis. Ésta sería
una de las críticas posibles.[...]
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