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EPBCN
Menopausia, secretos y mentiras
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Textos para pensar
Hay en el transcurso de nuestra vida momentos de crisis, algunos
de los cuales sobrevienen por sorpresa, de manera imprevista, y otros que se
pueden prever.
En líneas generales se puede decir que una crisis es una situación
en la que los recursos con que se resolvía la vida hasta ese momento
no alcanzan para poder con la nueva etapa. Todos conocemos los estados depresivos
que muchas veces sobrevienen a continuación de un ascenso laboral, la
depresión pos parto, los malos resultados que un excelente alumno en
el Instituto cosecha en sus primeros tiempos de Universidad, etc.
La menopausia es una de esas situaciones previsibles donde finaliza la vida
fértil de una mujer en cuanto a la reproducción –ya que su fertilidad
en otros campos no tiene por qué verse afectada– y esto implica una serie
de cambios orgánicos y psíquicos frente a los cuales, los recursos
con los que la mujer resolvía las situaciones vitales que se le planteaban
se muestran insuficientes, impropios.
Muchas son las vicisitudes que pueden rodear la menopausia de una mujer y contribuir
de esa manera a agravar o aliviar las consecuencias de este estado que, por
otra parte, debo decir que no es ninguna enfermedad. Es una época
en la que suelen coincidir el momento del fallecimiento de los padres, el inicio
de la fertilidad de las hijas y si la mujer en cuestión no ha sabido
o no ha podido elaborar el paso del tiempo y llegar a aceptar que vivimos de
ser mortales, algunas de las coincidencias mencionadas pueden oficiar de factor
desencadenante.
Por otra parte, sabemos que cada uno de los actos, orientaciones y decisiones
que damos a nuestra vida –aún los más inocentes– responden a frases,
ideas, prejuicios que, la mayoría de las veces, son desconocidos, inconscientes
para nosotros mismos. Aceptando esto, una mujer que –aún sin saberlo–
viva de acuerdo a la moral que dice que la sexualidad es solo un instrumento
al servicio exclusivo de la reproducción, vivirá la menopausia
como el final de su vida útil, verá por delante un páramo
donde el sentido de su vida ha desaparecido. Y esto se puede manifestar como
una depresión, una ansiedad desbordada, preocupaciones angustiosas sobre
supuestas enfermedades corporales, etc.
Si, por el contrario, su vida responde a pensamientos que colocan a la sexualidad
más cerca de las palabras que de los órganos de la reproducción,
seguramente podrá disfrutar de la insidiosa dicha de envejecer. Hasta
la muerte hay que aprender a vivir. Con la muerte convivimos y aprenderemos
hasta morir.
Emilio González, Marzo de 2002.