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EPBCN
Yo ¿no? tengo celos
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Textos para pensar
Los celos, como la tristeza, cuentan entre aquellos
estados afectivos que hemos de considerar normales. De este modo, cuando parecen
faltar en el carácter y en la conducta de una persona, deducimos justificadamente
que han sucumbido a una enérgica represión y desempeñan,
por consecuencia, un papel tanto más importante, en su vida anímica
inconsciente.
Sobre los celos normales poco tiene para decir el psicoanálisis; es fácil
ver que se componen de la tristeza y el dolor por el compañero o la compañera
erótica que se cree haber perdido, la ofensa en el orgullo personal,
los sentimientos hostiles contra el rival que ha resultado preferido y una aportación
más o menos grande de autocrítica que quiere hacer responsable
al propio yo de la pérdida amorosa. Estos celos, aunque los llamemos
normales, no por eso son del todo racionales, pues demuestran –a la luz de la
escucha analítica– tener profundas raíces en lo inconsciente,
en las primeras relaciones con nuestros padres y hermanos.
Hay luego un segundo grado de celos, no tan normales, llamados celos proyectados
que nacen, tanto en el hombre como en la mujer, de las propias infidelidades
del sujeto o del impulso a cometerlas, relegado, por la represión, a
lo inconsciente. Todos sabemos la diaria lucha que se libra en cada uno entre
los compromisos y las tentaciones. Precisamente aquellos que niegan experimentar
estas tentaciones, sienten tan enérgicamente su presión que suelen
acudir a un mecanismo inconsciente para aliviarla.
Y alcanzan tal alivio e incluso una absolución completa por parte de
su conciencia moral, proyectando sus propios impulsos a la infidelidad sobre
la persona a quien han prometido guardarla. Este poderoso motivo puede luego
servirse de observaciones que delatan los impulsos inconscientes análogos
de la otra persona y justificarse así con la reflexión de que
aquella no es –probablemente– mucho mejor.
Es sabido y aceptado que el deseo de gustar y el deseo de conquistar no se agotan
en la mujer ni en el hombre después de haber establecido un compromiso
de pareja, llámese noviazgo, matrimonio, convivencia, etc. Esta situación
requiere una tolerancia por ambas partes y una confianza hacia las actividades
del otro que, en el caso del celoso de este segundo tipo, suele ser una mínima
tolerancia y una desconfianza de principio. Lo irracional en estos casos aumen
hasta el punto de que el celoso exige a su pareja que se comporte como si fuera
de su propiedad mientras esta actitud es, posiblemente, la vía más
rápida para perder el deseo y el amor en el ámbito de una relación
sexual y amorosa, con lo que el celoso, finalmente, corre el riesgo cierto de
quedarse solamente con la propiedad exclusiva... de sus celos.
Emilio González, Enero de 2003.