Textos para pensar


La (de)construcción de la mujer

Pilar del Rey, Eva Rodríguez, Ana Sáncer y Núria Tayó

Versión pdf


«Yo no sé a qué será debido, pero he de consignar un hecho que no se me podrá negar:
y es el de que la proporción de mujeres con título universitario que no se casa es muy superior
a la proporción de las que lo hacen sin poseer título académico. ¿Será porque pierden su feminidad?
¿Por qué las mujeres sabias asustan a los hombres… que no lo son?»
Federico Corominas

«La mujer suprarrealista de hoy, de pelo corto, de falda corta, la mujer que juega, bebe, fuma y que no se escandaliza
de nada, es de tristes y dolorosas consecuencias para la humanidad»
Ricardo Delgado

1. Introducción

El trabajo presentado en nuestra anterior ponencia Efectos del trauma ancestral silenciado (2014)[1] nos permitió mostrar cómo las emociones y los traumas silenciados no hablados ni elaborados se transmiten inconscientemente de generación en generación y provocan síntomas en los descendientes. En esta ocasión queremos explorar hasta qué punto las cargas de acontecimientos del pasado podrían haber contribuido a perpetuar la invisibilidad y el estado de subordinación de la mujer en la sociedad contemporánea.

La mujer vive en una realidad socialmente creada y legitimada de culpa, miedo, vergüenza, represión e inferioridad que se repite a lo largo de la historia. Para analizar esta evidencia tomaremos como ejemplo los atroces sucesos acontecidos en los primeros años del franquismo, el periodo que siguió a la Guerra Civil Española, un momento histórico en el que la represión hacia ella fue especialmente manifiesta.

Si examinamos la evolución de la sociedad hasta nuestros días, resulta evidente que impera un orden simbólico, construido en clave patriarcal por el colectivo dominante de varones, donde ha sido siempre la gran olvidada. Sin ir más lejos, en el lenguaje, mediante la ambigüedad del género masculino, utilizado como opción neutra. La estructura masculinizada del idioma induce a la ocultación sistemática de las mujeres. Otro ejemplo de invisibilidad queda reflejado en lo que transmite la siguiente cita de Virginia Woolf: «Durante todos estos siglos, las mujeres han sido espejos dotados del mágico y delicioso poder de reflejar una silueta del hombre de tamaño doble del natural. Sin este poder, (...) las glorias de nuestras guerras serían desconocidas (pues) los espejos son imprescindibles para toda acción violenta o heroica». A pesar de que aparece la idea de que es fundamental en la vida del hombre, suele aparecer relegada a un segundo plano.

Tras esta reflexión, nos surge una pregunta: ¿dónde está la mujer?

La hipótesis que sostenemos es que, por un lado, esta permanece atrapada en la carga transgeneracional del inconsciente familiar, que la condena a repetir determinados patrones transmitidos inconscientemente por el linaje de mujeres; por otro lado, las consecuencias psíquicas derivadas tanto de la diferencia anatómica de ambos sexos como de los factores socioculturales e históricos establecidos por el patriarcado han evitado que se expandiera y desarrollara sus posibilidades personales y sexuales.

En concreto, consideramos que en el sistema capitalista hay un dominio sobre su sexualidad. Según afirma Ruth Benedith (citado en Reguant, 1996), esta reacción masculina dominante se ha repetido a lo largo del tiempo en el ámbito de la medicina, donde se han tratado el embarazo y la menopausia como enfermedades, la menstruación como una afección crónica y el parto como un problema quirúrgico y programable.

Continuar leyendo el artículo (pdf)



Copyright © EPBCN, 1996-2020.