Textos para pensar


¿Qué amaste?
La desidealización

María del Mar Martín [CV]

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1. Introducción

"Junto con el apremio de la vida, es el amor el gran pedagogo",[1] afirma Freud en uno de sus textos. Y es cierto que, si observamos las relaciones en las que se da algún tipo de proceso educativo, no sólo está presente en ellas el amor, sino que, en muchos casos, las personas de las que aprendemos son para nosotros grandes amores.

El hijo aprende de los padres, el alumno del profesor, el discípulo del maestro, el paciente del psicoanalista. Estas relaciones pueden llegar a ser centrales en la vida del sujeto, no sólo por una cuestión afectiva sino también porque pueden funcionar como constitutivas, curativas u orientativas para él.

Una observación mas fina nos llevará a detectar también otro proceso que acontece en todas ellas, y que no podemos desvincular del amor y del aprendizaje: la idealización. En palabras de Freud: "La idealización es un proceso que envuelve al objeto; sin variar de naturaleza, éste es engrandecido y realzado  psíquicamente".[2] Es interesante destacar este aspecto de "envoltorio": la idealización "envuelve" al objeto, es decir, lo incluye pero lo excede a la vez. La persona (o función) idealizada será portadora —a pesar de que no le pertenece— de toda una serie de perfecciones, capacidades, poderes, atributos, que contribuye a nuestro deseo de acercarnos a ella y favorece el proceso de aprendizaje.

Sin embargo, el proceso de idealización no se circunscribe única y exclusivamente a las cuatro formas de relación mencionadas.[3] Está presente en muchas otras y desempeña un papel especial en el proceso de enamoramiento que acontece en el considerado vínculo amoroso clásico.[4] Nos interesa destacar esta forma de relación ya que todas las otras mencionadas son consideradas relaciones asimétricas  —en ellas el proceso de idealización parecerá funcionar en una única dirección, del "menor hacia el mayor"—, en cambio, la relación de pareja está considerada como una relación simétrica, en la que el proceso de idealización puede acontecer en las dos direcciones. Este aspecto lo retomaremos más adelante en nuestro trabajo.

Ahora bien, del mismo modo que al psicótico el fragmento rechazado de la realidad, que ha sido sustituido por el delirio, se le va imponiendo en la vida anímica —generándole angustia, ya que lo que proviene de la realidad efectiva no coincide con la realidad alternativa que él ha construido—,[5] podríamos decir que al "idealizador" la realidad le va imponiendo, lentamente, la imagen real del objeto que él ha idealizado. En este punto se inicia el proceso de desidealización que, igual que en la psicosis,[6] irá acompañado de angustia, ya que la imagen real del objeto no encaja con la que había sido construida.

En la desidealización centraremos nuestro trabajo intentando desentrañar algunos de los mecanismos psíquicos que puedan estar en juego y algunas de las consecuencias afectivas y anímicas que puedan acontecer a partir de ella.

2. "¿Qué hice contigo?" La idealización

Para adentrarnos después en el proceso de desidealización, nos aproximaremos primero al de idealización.

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Notas

1 Freud, Sigmund (1916) . Algunos tipos de carácter dilucidados por el trabajo psicoanalítico. Todas las citas de Freud en este texto pertenecen a la edición de Amorrortu de las Obras completas de Sigmund Freud, trad. de José Luis Etcheverry, Buenos Aires — Madrid. 
2 Freud, Sigmund (1914). Introducción del narcisismo. 
3 Hijo-padres, discípulo-maestro, alumno-profesor, paciente-psicoanalista. 
4 En lo que comúnmente se denomina "relación de pareja", más allá de las diversas formas que pueda adoptar. 
5 Extraído del texto de Freud: "La pérdida de realidad en la neurosis y en la psicosis". 
6 Este paralelismo entre la idealización y la formación delirante no es caprichosa. Por un lado, la idealización implica, en parte, una alucinación en el objeto. Por otro lado, el enamoramiento es considerado por Freud una psicosis transitoria. 

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